AGRICULTURA Y BIOCOMBUSTIBLES

Agricultura y Biocombustibles 



 El fin de la era del petróleo barato puede impactar la agricultura mundial de la misma manera que la Revolución Verde de los años sesenta modificó los prototipos de las prácticas agrícolas de entonces y promovió espectaculares crecimientos en la productividad y en la producción agropecuaria de cereales. Los biocombustibles como el etanol, derivado de la caña de azúcar, de remolacha y de cereales como el maíz, al igual que el biodiesel, generado a partir de la palma de aceite, la soya, el girasol y la colza, están llamados a revolucionar la agricultura mundial.
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 En muchas partes del mundo la leña, el carbón vegetal y el estiércol, entre otras formas tradicionales de biomasa, siguen siendo importantes fuentes de energía. La bioenergía es la fuente predominante de energía para la mayoría de los habitantes del mundo que viven en situación de extrema pobreza y usan ese tipo de energía principalmente para cocinar. Gracias a la existencia de tecnologías de conversión más avanzadas y eficientes, actualmente es posible extraer biocombustibles, en forma sólida, líquida y gaseosa, de materiales como la madera, los cultivos y los desechos. En el presente capítulo se ofrece un panorama general de los biocombustibles.


 Tipos de biocombustibles 


Los biocombustibles son portadores de energía que almacenan la energía derivada de la biomasa. Se puede utilizar una amplia gama de fuentes de biomasa para producir bioenergía en diversas formas. Por ejemplo, los alimentos, las fibras y los residuos de madera elaborada provenientes del sector industrial; los cultivos energéticos, los cultivos de rotación breve y los desechos agrícolas provenientes del sector de la agricultura, tanto como los residuos provenientes del sector forestal, se pueden usar para generar electricidad, calor, calor y energía combinados y otras formas de bioenergía. De los biocombustibles se puede decir que son una fuente de energía renovable, ya que son una forma de energía solar transformada.



Los biocombustibles primarios, como la leña, las astillas y los gránulos de madera son aquellos en los que el material orgánico se usa esencialmente en su forma natural (tal como se han recogido). Este tipo de biocombustible es de combustión directa y en general se usa para satisfacer la demanda de combustible para cocinar o generar calefacción o electricidad en aplicaciones industriales en pequeña y gran escala. 
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• Los biocombustibles secundarios en forma sólida (por ejemplo, el carbón vegetal), líquida (por ejemplo, el etanol, el biodiésel y el biopetróleo), o gaseosa (por ejemplo, el biogás, el gas de síntesis y el hidrógeno) pueden usarse en un número mayor de aplicaciones, como el transporte y procesos industriales a altas temperaturas.

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Etanol
Cualquier materia prima con un alto contenido de azúcar, o de ingredientes que se convierten en azúcar como el almidón o la celulosa, se puede usar para producir etanol. El etanol actualmente disponible en el mercado de biocombustibles se produce a partir de azúcar o de almidón. Los cultivos de azúcar comúnmente usados como materia prima son la caña de azúcar, la remolacha azucarera y el sorgo azucarado. Entre las féculas que se usan comúnmente como materia prima se encuentran el maíz, el trigo y la yuca. La manera más simple de producir etanol es mediante la fermentación de biomasa con contenido de azúcar directamente convertible en etanol. 
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Biodiésel
El biodiésel se produce a partir de la combinación de aceite vegetal o grasa animal con un alcohol y un catalizador por medio de un proceso químico conocido como transesterificación. Se puede extraer aceite para producir biodiésel de casi cualquier cultivo oleaginoso; a nivel mundial las fuentes más populares de biodiésel son, en Europa, la colza, y en el Brasil y los Estados Unidos de América, la soja. En los países tropicales y subtropicales se produce biodiésel a partir de aceite de palma, coco o jatrofa. En la producción de biodiésel también se utilizan pequeñas cantidades de grasa animal extraída del procesamiento del pescado y otros animales.
El biodiésel puede mezclarse con combustible diésel tradicional o quemarse puro en motores de encendido por compresión. Su contenido de energía oscila entre el 85 por ciento y el 95 por ciento del contenido de energía del diésel, pero mejora la lubricidad de este último y aumenta el índice de cetano, con lo que, en términos generales, uno y otro poseen un rendimiento análogo. El mayor contenido de oxígeno del biodiésel facilita la combustión y reduce así las emisiones de contaminantes del aire en partículas, monóxido de carbono e hidrocarburos. Al igual que el etanol, el biodiésel contiene solo una cantidad insignificante de azufre y reduce, por tanto, las emisiones de óxido de azufre de los vehículos. 
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Aceite vegetal no modificado 

El aceite vegetal no modificado4 es un combustible potencial para motores diésel que se puede producir a partir de diversas fuentes, entre ellas los cultivos oleaginosos, como la colza, el girasol, la soja y la palma. También se pueden usar como combustible de vehículos diésel el aceite de cocinar usado de los restaurantes y la grasa animal de desecho de las industrias de elaboración de carne. En términos de bioenergía, sin embargo, el ámbito de mayor crecimiento durante los últimos años ha sido el de la producción de combustibles líquidos para el transporte a partir de cultivos agrícolas como materia prima. En su mayor parte, han adquirido la forma de etanol, producido a partir de cultivos de azúcar o almidón, o de biodiésel derivado de cultivos oleaginosos.

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Biocombustibles y agricultura :
La expansión y el crecimiento actuales de los mercados energéticos, como resultado de la aplicación en el pasado decenio en la mayoría de los países desarrollados y varios países en desarrollo de nuevas políticas energéticas y ambientales, están reconfigurando el papel de la agricultura. Más importante aún es el papel cada vez mayor de ese sector como proveedor de materia prima para la producción de biocombustibles líquidos para el transporte, en particular etanol y biodiésel. La bioenergía moderna constituye una nueva fuente de demanda de productos agrícolas, por lo que abre perspectivas de generación de ingresos y creación de empleos. Al mismo tiempo, genera una competencia cada vez más fuerte por los recursos naturales, particularmente la tierra y el agua, sobre todo a corto plazo, si bien a la larga el aumento de los rendimientos podría mitigar dicha competencia. La competencia por la tierra se convierte en un problema sobre todo cuando algunos de los cultivos (por ejemplo, el maíz, el aceite de palma y la soja), que actualmente se cosechan para producir alimentos y pienso, se destinan a la producción de biocombustibles, o cuando se convierten tierras agrícolas orientadas hacia la producción de alimentos en tierras para producir biocombustible.Actualmente, cerca del 85 por ciento de la producción mundial de biocombustibles líquidos está representada por el etanol (Cuadro 1). Los dos mayores productores de etanol, Brasil y Estados Unidos de América, dan cuenta de casi el 90 por ciento de la producción mundial, cuyo 10 por ciento restante se reparte entre Canadá, China, la Unión Europea (principalmente Francia y Alemania) y la India. La producción de biodiésel se concentra principalmente en la Unión Europea (a la que corresponde cerca del 60 por ciento del total), mientras que los Estados Unidos de América aportan una contribución considerablemente menor. En el Brasil, la producción de biodiésel es un fenómeno más reciente y el volumen de la producción sigue siendo limitado


Un incremento sustancial en el consumo de etanol, añade el presidente Lula, puede posponer la fecha en que las reservas petroleras se acaben. Iguales comentarios se aplican al biodiesel, combustible limpio que va a reemplazar gradualmente al Acpm o diesel contaminante de origen fósil. En Colombia, la revolución agroenergética nacional se palpa con fuerza. La experiencia con el alcohol carburante ha sido exitosa. Las plantas de los ingenios Cauca, Providencia, Risaralda, Manuelita y Mayagüez producen 1.050.000 litros diarios, suficientes para abastecer el 57 por ciento del país. El ‘Programa de siembra y producción de alcohol 2006-2020’ de la Federación Nacional de Biocombustibles comprende un complejo desarrollo agroindustrial de 27 nuevas plantas de etanol en 17 departamentos, con una producción de 150 mil hectáreas de caña de azúcar, de remolacha y yuca. La Federación estima que para el 2010 se podría duplicar el consumo interno con una mezcla de 15 por ciento de etanol, y exportar 2.300.000 litros diarios de etanol. Al biodiesel le llegó también su hora. La reglamentación de los requisitos de calidad técnica y ambiental de los ministerios de Minas y Energía, y de Ambiente, así como los regímenes de precio y de mezclas de los biocombustibles con el Acpm del 5 por ciento que regirán a partir del primero de enero del 2008, sientan las bases para la revolución del petróleo verde.



AUTOR:SAMUEL ZOE BUSTAMANTE CORONA

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